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Trust + Opale, Sala T-Club, Madrid, 12 de junio 2014

(Texto y fotos: David Ortego) Apenas seis meses después de su primera y última visita, Robert Alfons, o lo que es lo mismo, Trust, volvían a pisar la capital para presentar oficialmente su segundo trabajo, “Joyland”, ante un público algo menos numeroso que la vez anterior pero igual de dispuesto a bailar y saltar al ritmo que sus electrónicos y oscuros temas marcan.

En esta ocasión, a diferencia de la pasada, sí hubo banda invitada y esta labor recayó en el dúo franco-español Opale, aunque en directo se presentaron en forma de cuarteto con la inclusión de Tamara Piller y Mariette Auvray que se sumaron a las fijas Sophia Amadi y Rocío Ortiz dando un toque más orgánico a su música con la presencia de bajo y batería.

Su concierto fue bastante corto, una media hora, y la verdad es que no aportó demasiadas diferencias con lo que sería escuchar los mismos temas en el salón de tu casa porque el estatismo y la ausencia total de comunicación con el respetable fueron la norma en su descarga. Si acaso comentar que tras las tres primeras canciones hubo cambio de instrumentos entre la bajista inicial y la teclista, aunque el resultado siguió siendo el mismo.

Y no es que estén para nada mal temas como “Sparkles and Wine”, “Cutting Edge” o “Les Champes Magnëtiques”, pero que no se movieran ni un ápice hizo que su concierto terminara por resultarme monótono y lineal, aunque a la mayoría de los asistentes (pocos todavía en esos momentos) les daba bastante igual su música y las curiosas proyecciones que llevaban para acompañar su puesta en escena. Mero trámite para la inmensa mayoría aunque su disco “L´Incandescent” tiene temas reseñables.

Poco duró el cambio entre bandas mientras la sala, que era la primera vez que la pisaba en mi vida y me dejó una buena impresión por sonido y visibilidad, se iba poblando de seguidores del canadiense ávidos por bailar como él las canciones de “Joyland” y de “TRST”, disco que está segunda entrega, a pesar de estar bien, no ha logrado superar para mi gusto.

“Geryon” abrió la “rave” porque, más que un concierto al uso, eso fue lo que me pareció y si la primera vez que les vi me pareció que abusaba de las bases grabadas, e incluso alguna voz me atrevería a decir, esta segunda casi estoy convencido porque es imposible cantar igual que en el disco determinadas partes de canciones sin parar de saltar ni un instante. Y es que, frente al estatismo de Opale el contraste con Alfons fue total porque no paró quieto un segundo durante la hora que estuvo en escena.

Si “Geryon” fue bien recibido, la locura se desató con “Shoom”, “Bulbform” o “Dressed For Sapce” bailadas por la sala como si no hubiera mañana mientras el molesto (sobre todo para sacar alguna foto decente que ilustrara esta crónica) y “sospechoso” humo inundaba por completo el escenario.

Los singles “Capitol” y “Rescue, Mister”, así como el tema que da título al último trabajo también tuvieron cabida pero las primeras bajaron algo la intensidad del concierto aunque menos que cuando las tocaron sin haberlas editado y sin que nadie las conociera, como pasó en la sala Shoko…

Maya Postepski ni está ni se la espera, al menos en directo, por lo que Robert volvió a acompañarse de Esther Munits, a los teclados y las bases, y Anne Gauthier a la batería si no vi mal, porque la mayor parte del tiempo no se las veía en absoluto y tan solo se vislumbraba la silueta del vocalista saltando de un lado a otro.

Como es costumbre en la banda, los temas se fueron sucediendo sin pausa ni comentario entre ellos, ni falta que hacía dirán algunos, así que la pista de baile no paró un instante al ritmo de “Sulk”, “Gloryhole” o “Peer Presure”.

La hora que duró el concierto pasó fugaz y, tras marcharse del escenario, volvieron a salir para un único bis, la coreada y bailaba “Candy Walls” que dio por concluido un concierto que, si bien disfruté algo más que el primero al conocer las canciones de “Joyland”, me dejó más frío si cabe que la primera vez. Esperemos a ver qué tal está la tercera entrega porque siguen de moda, eso está claro, pero veremos si dura el furor con ellos. Mientras tanto, Robert Alfons está aprovechando el tirón, que el chaval tonto tampoco es.